Dijo Marcel Proust que los celos no son corrientemente más que una inquieta tiranía aplicada a los asuntos del amor (o algo así sonaría en español). Y algo así parece ser todo lo que sucede con el mundo literario también, donde algunos quieren tener una 'inquieta tiranía' sobre los demás. Frente a estos casos, que acabarían con la espontaniedad de la creación, algunos ahora en España (y algunos en Salamanca os estáis volviendo locos, je pense) odian a muerte a los nuevos creadores, los de la Nocilla (buen artículo hoy en el País http://www.elpais.com/articulo/cultura/Nocilla/todos/gustos/elpepucul/20080307elpepicul_1/Tes)
En una escala distinta que ya cuenta mucho del país este loco español, los de Autobombo se han disparado a ocuparse de un autor, cuando lo que importa es el texto. Y les rebienta, me temo mucho, porque les ha gustado un cuento, por fin, "como Dios manda": con intriga, con sorpresa, largo y a la vez corto, corto y a la vez con tiempos diferentes y con historia, en resumen.
¡Mónica Copérnica ces't moi!
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